Provincia de la
Inmaculada
Concepción

Hermanos Menesianos
Argentina y Uruguay

“Intente vivir como un ángel.”
(ATC VI p. 303)

Actividades especiales:

Palabras del Hermano Yannick Houssay sg.

A los educadores y padres de la Provincia

El Hermano Yannick en su visita a Maldonado
Queridos padres y educadores, queridos hermanos, estoy contento de encontrarme, hoy, en medio de ustedes para dialogar juntos sobre la importante misión que es, en nuestra sociedad y en la Iglesia, la educación de los niños y los jóvenes.
Escuchaba, recientemente, a una madre de familia que me decía : “En las decisiones que tomamos debemos tener en cuenta a los niños. Ellos son los más débiles ». Es otro modo de decir que la mayor responsabilidad que tenemos nosotros, los adultos, es, sin duda, la de proporcionar la mejor educación posible a nuestros niños. Esa es su preocupación primera, lo sé. Y esto está de acuerdo con la intuición de nuestro fundador que, al ver a los jóvenes abandonados de su tiempo, lleno de compasión, ha dedicado toda su energía para fundar escuelas que diesen a todos la oportunidad, a su vez, de ser “levadura de salvación para todos los hombres”, repitiendo las palabras del Concilio Vaticano II en su magnífica declaración sobre la educación cristiana.

Hoy quisiera solamente compartir con ustedes algunas convicciones que tengo en relación con la identidad de la escuela católica según el carisma de Juan María de la Mennais.
"¿Qué es una escuela cristiana ? Es una pequeña sociedad organizada según el modelo de la grande, una sociedad en preparación. La inteligencia, el corazón, incluso el cuerpo, son formados en los hábitos sociales...Al término de esta educación el niño además de lo necesario ha recibido también lo útil”1
"A menudo, al ocuparme de los colegios y al reflexionar sobre lo que ocurre en ellos, me ha chocado encontrar en ellos una imagen fiel de la sociedad : un colegio es un pequeño mundo"2

1.Una educación que evangelice.

Evangelizar es la primera misión de la Iglesia dice la Quinta Conferencia Latinoamericana y el Caribe que acaba de terminar. “La misión primaria de la Iglesia es anunciar el Evangelio de manera tal que garantice la relación entre fe y vida tanto en la persona individual como en le contexto socio-cultural en el que las personas viven, actúan y se relacionan entre si.”

La Iglesia ejerce esta misión a través del medio privilegiado, no único, de la escuela católica. Y esto comienza ya con la catequésis. Juan María decía a sus Hermanos : "Tened cuidado de que en todas vuestras escuelas se dediquen especialmente a la enseñanza religiosa, y a inspirar a los niños el gusto por la piedad ; temo que por brillar, se busque demasiado el éxito y hacer sabios antes que cristianos, y eso sería faltar al objetivo de vuestra misión".3

Pero nuestro fundador no quería tampoco justificar el nombre de cristiana de una escuela porque en ella se dedicaba tiempo a la catequésis. Para él la catequésis es indispensable en una escuela cristiana. Lo quería por encima de todo. Pero no veía en ello el único signo de una escuela verdaderamente cristiana.

Porque la catequésis puede convertirse en una asignatura como otra, que no cambia la vida, que no toca el corazón, que no abre a la Palabra viviente del Espíritu, que no ayuda a acoger la gracia del Señor en la vida de cada uno, y en lo que constituye « la pequeña sociedad » de la escuela, como en nuestras propias sociedades. En definitiva, la enseñanza de la catequésis, sola, no puede moldear un corazón como el Padre quiere moldear con amor el corazón de sus hijos.
Es necesario, además, una educación cristiana, es decir fundada en el Amor de Jesús, del Padre y del Espíritu.
Una escuela católica se propone evangelizar en el mismo corazón de la obra de la educación y de la enseñanza que es la propia de la escuela. Ella debe, en efecto, desarrollar las facultades intelectuales, ejercitar el juicio, promover el sentido de los valores, preparar a la vida profesional. Toda la enseñanza, todas las actividades de educación, tienen como proyecto abrir a la Palabra de salvación traída por Jesús. Como “pequeña sociedad” fundada en Cristo, hace nacer relaciones de amistad entre los alumnos de condición social y de caractéres diferentes, favorece las disposiciones para comprenderse mejor, es factor de paz y de justicia, de perdón y de espíritu de servicio. Crea una atmósfera animada por un espíritu evangélico de libertad y de caridad. Todo esto lo leemos en los textos del Vaticano II. Juan María de la Mennais, como otros fundadores de Congregaciones de enseñanza, era plenamente consciente de esto cuando ha fundado sus escuelas. Han sido los fundadores de la escuela católica tal como , más tarde, la ha definido el Concilio Vaticano II.

La V Conferencia Latinoamericana y el Caribe insiste en ello con expresiones de gran fuerza: “La educación es católica, ya que los principios evangélicos se convierten para ella en normas educativas, motivaciones interiores y al mismo tiempo en metas finales. Este es el carácter específicamente catolico de la educación.”
Y más adelante leemos: “la meta que la escuela católica se propone respecto de los niños y jóvenes, es la de colaborar en la construcción de su personalidad teniendo a Cristo como referencia en el plano de la mentalidad y de la vida.”
Esto significa, como lo expresaba Juan María de la Mennais, que la escuela católica debe ser un lugar donde se aprende a mirar todas las cosas con la mirada de Jesús , a amar como El amaba, a tener sus mismos sentimientos.
Qué bella misión para un critiano ésta de ayudar a los niños y a los jóvenes, respetando su libertad, a revestirse de Cristo, a dejar al Espíritu ser el verdadero educador. Por esto es por lo que era tan exigente sobre las cualidades del educador a la hora de confiarles sus escuelas. “Repitámoslo en voz alta, sin religión no hay moral ; por consiguiente la educación para ser moral, debe ser religiosa, lo mismo que para ser religiosa debe ser confiada a personas religiosas” 4 Habría que añadir hoy: «a cristianos ardientes, animados por la ley del Espíritu” Si no, va a ser otra ley la que domine nuestras sociedades:
“El interés es, hoy, toda la moral y toda la fuerza, toda la política. Se cree que este lazo es el mejor porque es el que ata más, pero no se piensa que es, también, el que antes se pervierte y el que se rompe más fácilmente” 5 Y en otra parte: “El orgullo tiene un gran poder destructor, daros cuenta de lo que es capaz: trastoca en el corazón del hombre la obra del mismo Dios”6
Es para ir en contra de sus valores engañosos que nuestro fundador quiere escuelas verdaderamente cristianas.

2.Una comunidad educativa unida por un mismo proyecto.

Esta visión de la educación supone que todos, directores, educadores, profesores, personal de servicio, padres, forman una comunidad unida en torno a un proyecto claro. Una comunidad que respeta las diferencias en el compromiso de fe de cada uno, pero que se propone como objetivo crear una escuela que responda verdaderamente a lo que ella es, estando atenta a que los que quieran trabajar en ella lo hagan con este espíritu. Una escuela católica, en efecto, no reivindica este título, de hecho, pidiendo que todos los alumnos y adultos sean cristianos, sino por su objetivo que es evangelizar a través de la enseñanza, la educación y toda la vida de la escuela.
De ahí la importancia de la constitución de equipos educativos. Lo que se pide a cada uno es comprometerse, según sus capacidades y según su fe. El servicio que se pide a todos, es el de favorecer una educación que ayude a « a ver la historia como Cristo la ve, a juzgar la vida como El lo hace, a elegir y amar como El, a cultivar la esperanza como El nos enseña, y a vivir en El la comunión con el Padre y el Espíritu Santo” (V Conferencia Latinoamericana y el Cariba).

En equipo educativo de una escuela menesiana debe, pues, esforzarse en examinar regularmente el resultado de la educación que ofrece. Debe prever planes de formación que favorezcan el compromiso de todos en la puesta en obra de un objetivo que no nace de ellos, sino de la misión que ha sido confiada a estas escuelas.
No buscará, pues, en primer lugar el alcanzar los mejores resultados escolares, sino que los niños encuentren los mejores medios para prepararse a una vida adulta.
Proporcionará los medios a los alumnos para que realicen su vocación personal de bautizados, para aquellos que lo son, a la luz de Cristo, corazón y modelo de nuestros Centros educativos. Permitirá a los otros abrirse a una mirada sobre la vida que sea la mirada de Cristo, sin imponérsela, pero sin miedo a proponérsela.
Hermanos y Laicos en las escuelas menesianas tienen una bella misión. Participan en la primera misión de la Iglesia. Harán de las escuelas menesianas verdaderas escuelas cristianas, en la medida en que cada uno aporte lo mejor que puede aportar, para alcanzar el objetivo común.

3.Una misión de Iglesia, en Iglesia.

Una escuela menesiana es una escuela cristiana verdaderamente inserta en la Iglesia. Esta, a través de la última Conferencia Latinoamericana y el Caribe recuerda, en efecto, la importancia de este ministerio de la educación vivido en Iglesia : “Debemos rescatar la identidad católica de nuestros centros educativos por medio de un impulso misionero valiente y audaz, de modo que llegue a ser une opcion profética plasmada en una pastoral de la educación participativa. Dichos proyectos deben promover la formación integral de la persona teniendo su fundamento en Cristo, con identidad eclesial y cultural, y con excelencia académica. Ademas han de generar solidaridad y caridad con los mas pobres, el acompañamiento de los procesos educativos, la participación en ellos de los padres de familia, y la formación de docentes, son tareas prioritarias de la pastoral educativa.”

Es la Iglesia quien garantiza el valor cristiano de nuestras escuelas. Y, en la Iglesia, la Congregación. Tenemos, pues, una misión que está por encima de nuestra concepción personal de la educación. Su fuente está en Cristo de quien la Iglesia nos transmite, hoy, la Palabra.
Es muy importante que consideremos este aspecto. A propósito de esto, los animo a conocer bien el pensamiento de la Iglesia sobre la educación. Si conocen el de Juan María de la Mennais saben que son idénticos y cómo su escuela es la que la Iglesia reconoce como menesiana.

Es la educación en Iglesia la que abre a la oración y al cara a cara personal con Dios, a la escucha de su Palabra, a la recepción de los sacramentos como Fuente de vida. Todos son acogidos en ella. Cada uno se adhiere según su grado de fe y con una respuesta libre.

4.Una educación inspirada en el evangelio.

Los animo a alimentar sus prácticas educativas con el pensamiento de nuestro fundador. Ya le conocen. Pero necesitamos penetrarnos de él para que, poco a poco, tengamos sobre nuestros niños, sobre nuestros alumnos, la mirada de amor del mismo Jesús.
Nuestro fundador nos invita a la paciencia.
“Sed pacientes con sus niños, y no esperen que sean perfectos, su edad excusa muchas de sus miserias, y sus lecciones no están perdidas porque no aprovechen de ellas en este momento.” 7
Juan Maria Subraya la importancia de la dulzura y del dominio de sí para que la educación sea eficaz:
“Necesitamos tener en cuenta las circunstancias y no reprochar vivamente a los niños lo que no viene de ellos, por otro lado los medios suaves son siempre los más eficaces”. 8
Pide no equivocarse de objetivo. ¿Qué educación proponemos ?
“No dejen de lado nada para que sus niños hagan progresos, pero dedicar ustedes sobre todo a instruirles en la religión y en el espíritu de piedad”. 9
El Desea una educación que ayude a los jóvenes a prepararse bien para su porvenir en la sociedad.
“Queremos, también, dar a nuestros alumnos una instrucción sólida y variada, que les haga capaces de cumplir en el mundo, con distinción, los diversos empleos a los cuales se destinan, permanecer por debajo, en esto, de los otros colegios sería engañar las justas esperanzas de las familias”. 10
Quiere, también, que puedan encontrar lugar en estas escuelas de modo especial los más pobres. Cierto, todo niño es pobre pues mendiga el pan de la instrucción.
“Dejen su país, su familia, sacrificen todo, vayan a enseñar a estos pobres niños que piden el pan de la instrucción y que están expuestos a perecer porque no hay nadie que se le rompa y se le distribuya.” 11
Pero nuestro fundador quiere acoger a los pobres que lo son económicamente y socialmente.
“Los pobres son sagrados para nosotros”
Me paro aquí con estas «pinceladas» de este bello cuadro que es la escuela católica. Será necesario desarrollar más estos puntos y otros muchos.

5.Conclusión

Quisiera, sin embargo, terminar con una palabra, bien conocida, de nuestro fundador. Creo que encontraremos en ella todas las características de la escuela menesiana. Acojamos esta palabra, meditémosla y pongámosla en práctica para la salvación, en Jesucristo, de los niños y jóvenes de nuestras escuelas.

“Sublime vocación (la del educador). Es la misma que la de Jesucristo. El no ha dejado el seno de su Padre más que para hacer lo que ustedes, a su ejemplo, van a hacer. La Escritura nos dice que pasó haciendo el bien, instruyendo a los pobres, dando vista a los ciegos, haciendo andar a los cojos, curando a los enfermos y ustedes, también, instruyen con la verdadera doctrina a aquellos que la hubiesen ignorado, y que privados de sus lecciones, la hubieran ignorado siempre. Ustedes también hacen prodigios en el orden espiritual”

Mi gran deseo es que en esta escuela, hagan el milagro en el orden de la educación, al punto que estos niños convertidos en adultos puedan darse cuenta de los tesoros que han recibido gracias a sus educadores.
¿Hay una recompensa más bella para un educador que la de ver que el joven desarrolla sus talentos personales y les pone al servicio de los demás con un espíritu de paz y de amor desinteresado? A todo educador le gusta, de modo especial, la Parábola de los talentos. Porque él busca ayudar a cada uno a desarrollar sus talentos, diez, cinco o uno, eso importa poco. El presta la misma atención a aquél o aquella que tiene un talento como a quien tiene diez. Lo que busca es que uno y otro sean capaces de amar, servir, construir un mundo de paz y de justicia, un mundo fraterno.

Pido al Señor que los conceda la dicha de ser, todos, educadores que dan esta oportunidad a sus alumnos.

Hermano Yannick Houssay sg

Notas

  1. Conservateur du 29 octobre 1818. [ volver al texto ]
  2. A. 332 [ volver al texto ]
  3. A. 323 [ volver al texto ]
  4. De l'éducation religieuse p. 14 -15 [ volver al texto ]
  5. A. 384 [ volver al texto ]
  6. A. 196 [ volver al texto ]
  7. ATC VI p. 147 [ volver al texto ]
  8. ATC VI p. 133 [ volver al texto ]
  9. A. 324 [ volver al texto ]
  10. A. 312 [ volver al texto ]
  11. S VII p. 2242 [ volver al texto ]
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