Queridos Hermanos y Laicos:
La presente comunicación surge de la necesidad de seguir dándole vida al tema de las vocaciones entre nosotros, porque estamos convencidos de que:
Ocupándonos, no solo preocupándonos, de la pastoral vocacional nos situamos junto a los discípulos cuando lo escuchaban al Maestro suspirar desde el fondo de su alma: La mies es mucha y los obreros pocos. A Jesús no le movían deseos de poder, de expansión, de prestigio, sino la necesidad de la gente. Como tampoco era el principal móvil para Juan María el agrandar su obra, sino atender las necesidades de la infancia y de la juventud
Pero, la pregunta es siempre la misma, ¿cómo? En estos tiempos de incertidumbre, también nos encontramos en este tema en búsqueda. Esta búsqueda comienza liberando la palabra en comunidad y con los Laicos, provocando la reflexión, adhiriéndose a los pequeños pasos que nos estamos animando a dar, mejorando nuestra forma de presencia entre los jóvenes, acompañándolos personalmente,… Sin olvidar el primer mandato del Maestro: Rueguen al Dueño de la Mies.
En esta ocasión no desplegaremos planes, programaciones, itinerarios, mediaciones,.. El papel soporta mucho y gracias a la reflexión de algunos Hermanos que se dedican a escribir sobre el tema, tenemos buenas iniciativas en marcha.
Quisiéramos echar una mirada al pasado desde las nuevas urgencias de nuestro presente para discernir detenciones implícitas y la fuerza dormida en la historia, para descubrir signos de verdad que pueden alentar hoy nuestro caminar.
Ante una cultura en la que la novedad es el criterio de validación más popular, nos preguntamos:
¿Qué nos devuelve el origen?
¿Qué líneas inspiraban la práctica de nuestros antecesores?
Buscamos hacer una lectura que no se deje contaminar por la deformación que hemos hecho del pasado, y dirigirnos a fuentes de vida que atesora la rica tradición. No se trata de una búsqueda fría y seca de erudición; sino, que partimos de la firme convicción de que: “La tradición sólo puede estar muerta si permanece intacta, si una invención no la compromete devolviéndole la vida, si no es cambiada por un acto que la recree.”(Michel De Certau)
Estamos llamados a recrear la tradición. Creemos que “algo sagrado, que sea el secreto de nuestro presente, debe encontrarse en los orígenes”.
Por esta razón, volvimos a los documentos que marcan el inicio. No tenemos autoridad para afirmar que la Circular n° 97 del Hermano Cipriano con fecha del 24 de junio de 1897 sea la primera que toma como tema del “reclutamiento en el Instituto”. Pero sí podemos afirmar que es una de las fuentes iniciales que podemos considerar.
Les invitamos a leer personalmente y comunitariamente los párrafos citados a continuación y preguntarse:
Pidiendo la intercesión de Juan María durante esta Novena por las vocaciones de Laicos y Hermanos Menesianos, les abrazo fraternalmente en Cristo,
(...) déjenme, queridos Hermanos, volver, todavía este año, sobre ese tema tan importante del reclutamiento en el Instituto. No es que ustedes no sepan cuán capital es para nosotros, cuán oportuno es tratarlo a tiempo y a destiempo, como dice el Apóstol, sino para animarles y motivarles a trabajar con más ardor aun, si es posible, en la obra de Dios.”
Pues nosotros hacemos verdaderamente, ustedes lo saben, la obra de Dios. Nuestra situación en la Iglesia es tan grande y honorable, que nuestro venerado Padre ha podido escribir estas consoladoras palabras: “El Hermano es un cristiano privilegiado, porque él ha recibido la sublime misión de ser el guardián de la inocencia de los niños.”
Misión sublime! Acojamos filialmente esas palabras, mis muy queridos Hermanos. Y para justificar en nosotros el sentido tan elevado que poseen, para merecer que ellas nos sean cada vez más aplicables, por medio de un conocimiento más profundo de nuestros deberes de estado, abordaremos brevemente qué es la Vocación en general, y trataremos a continuación la Cultura de las vocaciones, objeto principal de esta Circular.
¿Qué es la vocación? De una manera general, la vocación es el movimiento interior por el cual Dios llama a una persona a algún género de vida. “Por las inclinaciones que Dios pone en un alma, y por las condiciones exteriores con las cuales le rodea, él hace sentir en qué camino cada uno de nosotros debe dirigir sus pasos. Es el conjunto de esos atractivos interiores y de esas circunstancias exteriores el que constituye y manifiesta la vocación.” (J.Guibert.- La Cultura des Vocations, chap. 1er)
A que edad se determina netamente la vocación, depende del medio donde se vive, del carácter y de las disposiciones de cada uno, de las ocasiones favorables donde se puede encontrar de seguir más firmemente su atracción...
(...) Por el momento al menos, tomamos la palabra Vocación en su sentido más extenso. Lo más frecuente, en efecto, es que esa palabra despierte en el espíritu (se la asocie con) la idea del sacerdocio o de la vida religiosa. Es por eso que, sin duda, ciertos maestros no se atreven a hablar a sus alumnos sobre la vocación. Ellos parecen temer hacer una gran presión sobre las jóvenes almas, e introducirlas en un camino donde Dios no las llama. El sentimiento que inspira este temor no es en absoluto reprensible; pero, ¿no será que se asienta en falsos supuestos? Hay, en efecto, una vocación, no solamente para las almas que Dios llama al sacerdocio o a la vida religiosa, pero también para aquellas que deben vivir en el mundo. No responder a esa vocación constituiría, en muchas circunstancias, una temeridad. (...)
(...) De allí, se desprende una gran responsabilidad para los sacerdotes y religiosos quienes, por el ejercicio mismo de sus funciones, son llamados a dirigir, a guiar, en la elección de un estado de vida, las almas que les han sido confiadas. Y ellos deben dirigirlas no siguiendo sus ideas personales, sino según la mirada de Dios el proyecto de Dios que es el verdadero autor de las vocaciones. (...)
(...) De lo expuesto, resulta fácil decir que el hombre tiene su parte en la ejecución de los designios de Dios. “Soy y el que he plantado, dice San Pablo, otro ha regado, pero es Dios el que ha dado el crecimiento.” La acción del hombre, nadie puede negarlo, se manifiesta en esto, como ella se manifiesta en la simiente que el hombre, sin duda, no ha creado, pero que, lanzada en un tierra preparada por sus cuidados, bajo la doble acción del calor del sol y del rocío del cielo, produjo el ciento por uno. Asociarnos así a sus obras en el orden de la naturaleza, asociarnos en las cosas del orden moral, de una manera aun superior, ¿no es de parte de Dios, una admirable condescendencia y un sublime honor? Sepamos agradecerle, mis queridos Hermanos. Y ya que en la situación en la que la providencia nos ha colocado, nos es posible cooperar a su acción en las almas, no temamos decir a nuestros alumnos qué es la vocación en general, y cuán importante es para el hombre ser fiel a la llamada de Dios. Cuando les hayamos penetrado de la importancia de la vocación, nos será más fácil pasar de lo general a lo particular, de una manera hacerles experimentar la belleza de la vocación sacerdotal y de la vocación religiosa, y mostrarles que “el Hermano es verdaderamente un cristiano privilegiado, porque ha recibido la sublime misión de ser el guardián de la inocencia de los niños.”