Estimados Hermanos y Laicos Menesianos:
Ya estamos próximos a la celebración de la Novena del Fundador. Este tiempo renueva en nosotros el sentido comunitario de nuestra existencia, revitalizando dimensiones fundantes de nuestra identidad como menesianos.
Por medio del tema de cada día, volveremos a las creencias, valores y propuestas que conforman los trazos que caracterizan nuestra espiritualidad, misión y vivencia comunitaria.
La Novena es una invitación a estrechar lazos personales con Dios, con Juan María, entre los educadores y con los niños y jóvenes.
Durante estos días, la oración en común en clave menesiana nos ayudará a dirigirnos a Dios para pedirle que nos conceda vivir con mayor claridad los rasgos de nuestra identidad. Es el mismo Dios para todos los cristianos, pero, la forma de entrar en relación con Él enfatiza ciertos dinamismos espirituales, opciones apostólicas y deseos, peculiares de nuestra familia religiosa.
Cada una de las comunidades educativas de nuestra Provincia, atraviesa en sus miembros situaciones dolorosas que deseamos presentarle a Dios. Necesitamos la fuerza de lo alto para curar heridas, acompañar soledades, recibir consuelo, hacernos presente,…
El rezar juntos, por intenciones comunes, une nuestros corazones y acrecienta nuestra fe. También a nosotros se nos aplica: ´La familia que reza unida, permanece unida.´
El Fundador puede convertirse en nuestras instituciones en una figura mítica, intocable y sobre la cual cada uno proyecta sus ideas y aspiraciones. Durante la Novena avanzamos en desmitificar su persona insertándola en su contexto histórico concreto, y dejando que nos devuelva claves de interpretación de nuestro presente, y para proyectarnos hacia el futuro. Según el querer de Dios.
Juan María es nuestro padre espiritual. Unidos a él por la comunión de los santos, recurrimos a su intercesión, no sólo para pedir por nuestras necesidades, sino sobre todo, para aprender a asemejarnos al Hijo por los caminos que Dios nos señala a los menesianos a través de la mediación de su vida.
Para que nuestros alumnos de todos los niveles (inicial, primaria, secundaria) vivan este tiempo en profundidad, son necesarios educadores convencidos y dispuestos a participar de la puesta en marcha de las actividades, celebraciones y de los momentos de reflexión programados.
Les invito a no dejar pasar de largo este tiempo. Cada uno debería encontrar la forma de involucrarse con los chicos, responsabilizándose con otros miembros de la comunidad educativa, de alguna actividad relacionada con esta celebración de nuestra familia religiosa.
La Novena es una instancia de formación. No hay duda que para poder animar una reflexión, los educadores tenemos que prepararnos: leer el tema con antelación, pensar el momento de la Novena como espacio pedagógico, dejarnos interpelar personalmente por el tema, ir al encuentro de los alumnos con más elementos además de los sugeridos en el material, preguntarnos unos a otros formas de llevar adelante la propuesta, …
En cada día de la Novena se nos presenta una Buena Noticia para compartir; buena noticia que es para todos los que formamos parte de esta comunidad animada por el carisma que heredamos de nuestro Padre Fundador. El conocerla, hacerla propia y obrar en consecuencia, debe ser la fuente de nuestra comunión.
Durante este tiempo estamos invitados no sólo a ampliar nuestros conocimientos acerca de la vida y espiritualidad de Juan María, sino sobre todo, a dejarnos formar el corazón haciendo experiencia de sus mismas motivaciones.
Asombra cómo nuestros niños se entusiasman cuando llegan los días previos al 8 de setiembre. Sus dibujos, oraciones, gestos, juegos, dramatizaciones, preguntas, sonrisas,... expresan sencillamente el agradecimiento que tienen a Juan María al reconocerlo como un hombre para los demás, cuya vida los acerca a Jesucristo. Sigamos el ejemplo de los pequeños, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos.
Nuestros niños y jóvenes viven inmersos en una cultura globalizada que al mismo tiempo que los llama a establecer una comunicación virtual con el mundo entero, los inhibe para experimentar la alegría de pertenecer a una comunidad concreta estrechando lazos personales. El colegio, el club de niños, el centro juvenil, pueden convertirse en esos espacios de personalización que no encuentran en otros ambientes.
Pero esta vivencia no se produce por usar un uniforme, o por el simple hecho de transitar por los salones de una de nuestras instituciones. Es un proceso lento que se va construyendo a través de los encuentros personales concretos con los educadores que se vinculan con ellos, y les transmiten las creencias y valores que definen a nuestras comunidades.
La Novena nos brinda la oportunidad de relacionarnos con los niños y con los jóvenes de una forma distinta, descubriendo facetas insospechadas de sus personas. Estos días también habilitan a los educadores a presentarnos de forma diferente ante los chicos, entrando en comunión con ellos, haciéndolos partícipes de lo que anima nuestros corazones en la entrega que hacemos por ellos cada día.
Pido a nuestro Padre Fundador que interceda por nosotros para que todos los que nos relacionamos con una comunidad menesiana: padres, educadores, Hermanos, niños y jóvenes, hagamos la experiencia de la vida de Dios en nosotros como la tuvo él.
“Si Jesucristo, hijos míos, ha declarado que el que escucha y guarda su Palabra es más feliz que la Santísima Virgen, que le había llevado en su seno, con qué vivo reconocimiento debemos escuchar las lecciones que nos da el Evangelio. Debemos recibirlas como si nos hablase el mismo Señor. Abramos los oídos del corazón para que esta Palabra de verdad penetre en nosotros y nuestra alma se alimente de ella… No deberíamos temer menos no aprovechar de su Palabra que profanar su mismo cuerpo.” (Juan María de la Mennais, A. 137)
Que Dios bendiga este tiempo santo en cada una de nuestras comunidades.
Ruego a Dios que nos ayude a abrir los oídos del corazón a su Palabra como lo hizo Juan María,