Provincia de la
Inmaculada
Concepción

Hermanos Menesianos
Argentina y Uruguay

“Estar en medio de estos queridos niños, es habitar ya con los ángeles.”
(Carta del 21 febrero 1835. ATC II p. 159)

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Setiembre 2007

Carta a las Comunidades N° 182

“Visitando sus comunidades y colegios, he podido constatar el buen trabajo que ha sido realizado por ustedes y por sus antecesores. Me ha conmovido el amor que le tienen a nuestro Padre Fundador. Están muy unidos a su persona, y desean vivir animados por el soplo del Espíritu que le ha habitado toda su vida.”
(Hermano Yannick Houssay, sg)

Queridos Hermanos y Laicos:

Realmente, como lo constató el Hermano Superior General durante su primera visita a nuestro continente, nuestra Provincia de la Inmaculada, desde hace ya varios años, viene profundizando el pensamiento y la espiritualidad del Fundador. Hemos descubierto la vigencia de sus intuiciones para animar nuestra vida de fe, los lazos de la comunión fraterna y los ministeriales.

Para que esta dimensión de nuestra vida siga aportando frutos en nuestras comunidades, les invito a realizar una aproximación personal y comunitaria a los textos de Juan María.

En esta oportunidad les adjunto una posible guía de trabajo para abordar uno de los Sermones de nuestro Padre Fundador. No se trata de hacer un trabajo de erudición sino de un “pretexto” para avanzar en el compartir nuestra fe desde la dimensión carismática.

La Novena anual es una de las instancias en las que con mayor fuerza nos volvemos a acercar a nuestro Padre Fundador. Pero, ¿por qué reservar ese encuentro solamente para ocasiones especiales?

En todos nuestros centros, existen personas que gustan del encuentro con la palabra de Juan María. Los ámbitos para el intercambio pueden ser diversos y según la realidad local de cada comunidad: comunidad de Hermanos, Laicos y Hermanos en Misión compartida, Comunidad de Vida, Equipos Directivos, Grupo de Catequistas, Jornadas Institucionales,...

El material que se propone en esta ocasión puede ser adaptado en tiempo y forma según se crea conveniente, y según la profundidad con la cual se lo quiera abordar.

Esta entrega consta de: Invito a todos a hacer llegar las valiosas iniciativas (mediaciones) que ya se están proponiendo en nuestras comunidades con el fin de enriquecernos en la formación común de Hermanos y Laicos.

Que nuestro Padre Fundador interceda por nosotros, nuestras comunidades y familias, por nuestra fidelidad, por la pastoral vocacional (Hermanos y Laicos Menesianos).

Hermano Guillermo Dávila
Superior Provincial

 

Obligación de trabajar constantemente en nuestra perfección
Juan María de la Mennais

“La voluntad de Dios es que trabajen en convertirse en Santos.”(1 Tes 4, 3)

Este precepto es general, y no hay otro más importante, puesto que reafirma todos los otros; se le recuerda frecuentemente a los cristianos, y los religiosos, sobre todo, no pueden ignorarlo; sin embargo, casi nadie se ocupa seriamente de cumplirlo; la gente del mundo no consideran más que en pasar dulcemente sobre la tierra su corta vida, y apenas piensan en la vida eterna que debe seguir a esta. ¿Son más sabios los religiosos? Ellos creen serlo, porque se abstienen de crímenes y de iniquidades groseras, como si la santidad consistiera para ellos solo en eso. No, mis queridos hijos, ella no consiste para nosotros, incluso para los simples cristianos, en eso solamente. Dios quiere que trabajemos en santificarnos, pero ¿cómo nos santificaremos? Ser santo, es tomar al Santo de los Santos, a Jesucristo Nuestro Señor en todo como modelo; es pensar como él ha pensado 1, juzgar todas las cosas como él las ha juzgado, obrar como él ha obrado; es, en una palabra, esforzarnos en convertirnos en otros Cristos. Y, si todo discípulo cuya vida se debe conformar a la suya, cuánto más estricta será la obligación de tomarlo en todo como modelo para nosotros más que para los cristianos ordinarios!

No nos engañemos; no es un simple consejo; no disimulemos la verdad; nuestra salvación depende de nuestra fidelidad a seguir a Jesucristo en todos los caminos por los que él ha marchado; ¿es lo que hacemos? ¿Amamos la pobreza, las humillaciones, los sufrimientos como Jesucristo los ha amado? ¿Amamos los abajamientos, su crucifixión, su abandono, y deseamos imitar esta obediencia tan profunda y tan extendida que él ha practicado desde su nacimiento hasta su muerte? 2 ¿Nuestra conducta habitual y nuestros pensamientos no están manifiestamente en oposición a los suyos? Examinémonos en esto y una vez más tengamos cuidado de no hacernos la ilusión, pues nada es más fácil que hacerse ilusión en una cosa tan seria, también nada es tan funesto, y si hay tantos cristianos tibios y flojos 3, si hay tantos religiosos indignos, ¿no será porque no han comprendido bien a qué alta perfección estamos llamados por la gracia del bautismo que ha hecho de nosotros hermanos de Jesucristo? Si entráramos en detalles, ¿cuántos motivos tendríamos para humillarnos y temblar? Jesucristo en todas sus acciones no ha buscado más que la gloria de su Padre4; en las nuestras, ¿no buscamos comúnmente y ante todo nuestra satisfacción personal? ¿Es por Dios, únicamente por Dios, que estudiamos, que trabajamos? Y en nuestros proyectos, ¿tenemos en vista nada más que extender su reino? ¿No es verdad que mezclamos buenas ideas con una multitud de otros ideas extrañas a la fe y completamente mundanas? ¿No permanece muy frecuentemente en el fondo de nuestro corazón un secreto deseo de llevar una vida suave y cómoda, evitando todo lo que es penoso a la naturaleza, de liberarnos de toda molestia, de satisfacer, si no nuestras pasiones, al menos nuestros gustos, incluso los más frívolos, al punto de tener una extrema repugnancia de contrariarlos en nada? ¿Qué es entonces ser cristiano? ¿Cómo todo eso puede conciliarse con las máximas del santo Evangelio y con la cruz? 5

Oh Jesús mío, cuando yo te veo clavado al madero infame sobre el cual tú has consumado el gran misterio de la Redención de los hombres, cuando veo tu cuerpo triturado y sangrante, cuando cuento una a una las espinas que perforan tu cabeza, y cuando inmediatamente considero mi sensualidad, mi vergonzosa comodidad y la búsqueda continua de mí mismo en todas las cosas, y esos temores tan vivos de todo lo que puede afligir mi carne o romper mi orgullo, puedo decir, Jesús, que soy tu imitador, tu servidor y tu hijo? Pero, si yo no lo soy, ¿qué soy entonces? ¿Sobre qué serán fundadas mis esperanzas de salvación?

Que cada uno de nosotros se haga esta pregunta y respóndala al pie de la cruz; que cada uno se diga a sí mismo: Dios quiere que yo sea un santo. No puedo volverme santo mientras que no imite a Jesucristo, y que ponga fielmente en práctica las verdades que él me ha enseñado y las virtudes de las cuales me ha dado ejemplo; yo tomo entonces la resolución sincera de esforzarme en ser en el futuro, con la ayuda de su gracia, humilde, dulce, paciente, obediente, casto, resignado como él; y así como él se ofrece todo entero por mí al Padre, yo quiera donarme a él sin reserva y sin división 6; Dios quiere que yo sea un santo, y yo también quiero serlo a todo precio. Sin duda, tendré grandes combates a sostener antes de obtener un completo triunfo sobre el mundo y sobre mí mismo; tomaré los medios para resultar vencedor de tantas pruebas.

Notas

  1. 1 Co. 1, 1-3 - Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro. Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
    1 Co 2, 16 Porque ¿quién penetró en el pensamiento del Señor, para poder enseñarle? Pero nosotros tenemos el pensamiento de Cristo.
    Rom 6, 1-ss ¿Qué diremos entonces? ¿Qué debemos seguir pecando para que abunde la gracia?¡Ni pensarlo! ¿Cómo es posible que los que hemos muerto al pecado sigamos viviendo en él? ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva. Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección. [Volver al texto]
  2. 1 Co. 1, 23 - Nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos.
    Flp. 2, 5-8 - Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús. El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. [Volver al texto]
  3. Ap. 3,15-16 - Conozco tus obras: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Por eso, porque eres tibio, te vomitaré de mi boca. [Volver al texto]
  4. Rom. 15, 7-9 - Sean mutuamente acogedores, como Cristo los acogió a ustedes para la gloria de Dios. Porque les aseguro que Cristo se hizo servidor de los judíos para confirmar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas que él había hecho a nuestros padres, y para que los paganos glorifiquen a Dios por su misericordia. [Volver al texto]
  5. Rom. 12,2 - No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad...
    Gál. 2, 5 - Con todo, ni por un momento les hicimos concesiones, a fin de salvaguardar para ustedes la verdad del Evangelio. [Volver al texto]
  6. Ef. 5, 1-2 - Traten de imitar a Dios, como hijos suyos muy queridos. Practiquen el amor a ejemplo de Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y sacrificio agradable a Dios. [Volver al texto]

Guía de Trabajo

La palabra de Juan María nos interpela

  1. Oración inicial.
  2. Lectura del Sermón de JMLM por uno de los miembros del grupo.
  3. Lectura personal del Sermón de Juan María. Libre intercambio para aclarar términos, expresiones, dificultades en la lectura del texto, traducción, aportes de referencias sobre este sermón (si las hubiera),...
  4. Implicancias a nivel personal. Señalar y comentar la frase, la idea, la expresión, sentimiento... que ha permanecido resonando en cada uno.
  5. Construcción grupal de un árbol de temas que se encuentran presentes en el texto. Lluvia de temas y expresión gráfica de relaciones internas, derivaciones, y de las vinculaciones con otros temas de la espiritualidad-pedagogía menesiana, etc.
    (Sugerencias: concepto de santidad, laicado, vida religiosa, la Cruz –teología de la cruz-la experiencia de la cruz en nuestra vida, imitación de Cristo, humildad, discernimiento, la omnipotencia de Dios, la Voluntad de Dios, la gloria de Dios ...)
  6. Elección de uno de los temas mencionados en el apartado anterior para su profundización. (Será la puerta que se elegirá para entrar más profundamente al pensamiento y a los sentimientos de Juan María).
    Por ejemplo: La experiencia de la Cruz en la vida cristiana.
  7. Utilizar el Método Ver-Juzgar-Actuar
    • Ver:

      • Partir de nuestra forma de entender el misterio de la Cruz en nuestra vida personal.
      • Formas de hacerse presente la Cruz hoy en nuestra vida personal, social, comunitaria, congregacional, eclesial,...
      ¿Qué sentimientos me provoca la Cruz de Cristo y las situaciones de Cruz (vida personal-comunitaria-apostólica...)?
      ¿Cómo experimento el misterio de la Cruz hoy en mi vida?

      (Sugerencia: El Capítulo 2 del Documento de Aparecida puede servir de referencia para este tema en relación con la realidad de nuestro Continente. Algún miembro del grupo lo puede traer leído para presentar a los demás los puntos más destacables vinculados al tema).

    • Juzgar:

      En esta etapa se intentará iluminar el tema elegido con aportes que nos permitan profundizar en la dimensión cristiana carismática. Se recurrirá a las fuentes bíblicas, del magisterio y carismáticas.
      (Una posibilidad es dividir todo el material que se quiera utilizar para ahondar en el juzgar para ser leído por algunos participantes durante la semana, para luego ser presentado brevemente, no buscando la erudición sino el poder compartir lo recibido vital, carismática y eclesialmente de esos aportes)
      • Comentar la visión de Juan María sobre el misterio de la Cruz según el texto del Sermón, y/o a través de otros aportes del libro de Espiritualidad Menesiana de Merino-Olabarrieta, Se anodadó, Ser imagen de Cristo,...
      • Otros aportes que nos iluminan acerca del misterio de la Cruz. (Ver los materiales adjuntos de JM Castillo, y el Documento de Aparecida números 129 al 142)
    • Actuar:

      • Se sugiere que, se infieran las consecuencias que de lo compartido se puedan extraer para la vida personal, comunitaria, apostólica.
      • En clima de oración cada participante se dejará interpelar por todo lo vivido durante los encuentros sobre este tema y quien lo quiera al finalizar la oración lo compartirá con el grupo.

 

Material complementario

La Teología de la Cruz

(Extraído de “Castillo, J.M., El proyecto de Jesús”, Ed. Sígueme, Colección Verdad e imagen, Salamanca, 1990, pp.75-79.)

“...Se subraya actualmente la imagen del Dios apasionado y comprometido con el hombre, que surge de la teología de la cruz. Dios es incomprensible y permanece como un misterio trascendente al hombre, pero la cruz de Cristo nos descubre a un Dios pasional, poderoso en su debilidad y Señor en la humillación. Por eso, la cruz es la fuerza de Dios que denuncia el esfuerzo humano por autojustificarse, y el narcisismo voluntarista del que quiere alcanzar la perfección por su propio esfuerzo. La cruz de Cristo es la denuncia radical a la conciencia prometeica del hombre occidental, que quiere construir un paraíso en la tierra, y que sueña con una autosuficiencia histórica, que le hace independiente de Dios y constructor único del reino de la libertad y de la emancipación, de la utopía del reinado de Dios.

La cruz es un aviso. El hombre autosuficiente que quiere construir el cielo en la tierra, acaba con frecuencia edificando un nuevo infierno totalitarista, y el prescindir de Dios lleva directamente a negar la necesidad del complemento humano, de los otros hombres. El que se basta a sí mismo y a su idea, acaba imponiéndola de forma fanática y creando los diversos ´gulags’ y ´Auschwitz´ que tanto han proliferado en el siglo XX. Por eso, la teología de la cruz, es la afirmación de la necesidad de la gracia y de la gratuidad de ésta, la postulación de la fragmentariedad del esfuerzo humano y de la búsqueda de nuestra identidad contra todo sueño de inmediatez y de totalidad. La utopía del reinado de Dios en medio de los hombres, es siempre, en última instancia, obra de Dios, que complementa gratuitamente el esfuerzo humano y que corona los esfuerzos en pro de una humanidad distinta, más cercana a la utopía de los valores del Reino. (...) El hombre tiene siempre un puesto en la construcción del reino de Dios. El Reino es el resultado de la gracia de Dios, pero en él el ser humano tiene un papel insustituible. Y esto es así ya desde el hombre Jesús, que hace de su vida una entrega a la construcción del reino, y continúa hasta nuestros días. Dios no puede redimir a la humanidad sin el hombre mismo, no puede, porque él mismo se ha cerrado ese camino. La historia es siempre obra humana, aunque se dé bajo la inspiración y la fuerza del Espíritu de Dios, y es el hombre el que es responsable de ella ante Dios y ante sí mismo. No hay una providencia divina que elimine el papel humano, ni se puede postular una antítesis entre Dios y el hombre como si Dios creciera cuando ése disminuye. El hombre, con su razón y su fe, se encuentra ya impregnado de la gracia para encontrar las huellas de Dios en su mundo, ya que el Dios de la creación es al mismo tiempo el Dios de la cruz. Él es el constructor de su historia, para bien o para mal, y Dios no va a sustituir su puesto y su función esencial aunque sí puede guiarla, inspirarla y completarla dando fuerzas al hombre para que responda a su llamada. (...)

La teología de la cruz es una teología de la ausencia de Dios en el mundo. El Dios vivo, que entró en la historia humana, abandonando su trascendencia, para hablarnos desde la inmediatez y cotidianidad del judío Jesús. Está ausente, y su hueco queda vacío en la historia tras la muerte del hombre Jesús. Tenemos que tomar conciencia de la falta de Dios, mirando a nuestro alrededor, en nuestro presente y en nuestro pasado. La cruz es también una llamada a vivir en un mundo y en una sociedad que excluye y se margina de Dios. Esta ausencia crea una desesperanza ante los signos de muerte que, abundantemente, crea esta sociedad injusta e irracional en la que vivimos.

Y sin embargo, era necesario que Dios se marchara de dentro de la historia. Tenía que dejarnos, morir y partir. Era imprescindible que se fuera, para que por fin llegáramos a ser adultos, para que retomáramos el peso de nuestra tarea y responsabilidad vitales. El sentido de la historia humana, ya anunciado en la cruz de Jesús, queda así pendiente de la responsabilidad de los “suyos”, de la capacidad de su comunidad para asumir su tarea y su lucha, y el lugar histórico que él ha asumido. Después de la muerte de Jesús el sinsentido de la vida queda al descubierto: injusticia, desigualdades, insolidaridad...Dios permite estas cosas, aunque no las quiere, y deja al hombre ante una opción de sentido. Se radicaliza así la exigencia de la fe por parte de Jesús. La fe como un compromiso, como un riesgo y como una opción libre y responsable del hombre. Lleva incluso a asumir el fracaso de la propia existencia porque Dios es el más grande y se hace presente incluso en la cruz. La nostalgia de Dios en un mundo, en el que palpamos más la ausencia que la presencia, nos remite de nuevo a nuestra responsabilidad histórica: somos nosotros los que damos sentido a la vida humana, los que afirmamos a Cristo y el sentido de su cruz. Somos libres para afirmarlo y negarlo, y esa libertad nos pesa, como en la Historia del gran inquisidor de Dostoievski. Nos pesa nuestra responsabilidad en un mundo ambiguo, y tan carente de sentido.(...)

 

Material complementario

“No se amolden al orden presente” (Rom. 12,2)

(Extraído de Castillo, J.M., “El discernimiento cristianos”, Ed. Sígueme, Colección Verdad e imagen, Salamanca, 2001, pp.67-69.)

”Pero, en realidad, cuando hablamos de la nueva mentalidad, ¿de qué se trata?
Para decirlo claramente desde el primer momento: esa nueva mentalidad consiste en la intransigencia del creyente ante el orden establecido, es decir, ante el ordenamiento y la organización de este mundo, de la sociedad en que vivimos, que se opone radicalmente al saber de Dios, y que se basa en el sometimiento de los hombres a los bajos deseos, a los caprichos del instinto y de la imaginación, en definitiva, a la ambición por el dinero, el poder y el prestigio, que esclaviza al hombre y lo encierra en su propio egoísmo.

El texto de Romanos 12,2 es decisivo en este sentido: “No se amolden al mundo éste, sino déjense transformar por la nueva mentalidad, para ser ustedes capaces de discernir lo que es voluntad de Dios.”

San Pablo opone, en este texto, dos imperativos. Estos dos imperativos se han de interpretar como pasivos y no como medios, de tal manera que el sentido de la frase es: “no se dejen conformar al mundo éste, sino déjense transformar por la nueva mentalidad”. Se trata de una oposición tajante. Para dejarse transformar por la nueva mentalidad es absolutamente necesario no dejarse conformar al mundo, más exactamente, la intransigencia del creyente frente al mundo éste. Solamente cuando un hombre ha llegado a situarse en esta postura – aunque a veces sea débil e incluso pecador- solamente entonces está capacitado para hacer el discernimiento cristiano.

El punto capital, por consiguiente, está en la actitud de intransigencia frente al mundo. Pero, ¿qué entiende aquí san Pablo cuando habla del mundo? (...)

Por otros escritos de Pablo, sabemos lo que él quería decir cuando hablaba del mundo o del orden éste. Este mundo se define y se configura por un determinado “saber” (1 Cor 1, 20-25), es decir, por toda una escala de valores, que implica el aprecio de lo fuerte y de lo sabio y el desprecio de lo débil y lo plebeyo (1 Cor 1, 27-28). Se trata, pues, del orden y el sistema que tiene su consistencia en los intelectuales, los poderosos y la gente de buena familia (cf. 1 Cor 1, 26). O dicho más claramente, es el sistema en el que lo decisivo es el prestigio, el poder y el dinero, que es justamente lo que comprenden y propugnan los jefes de este mundo que crucificaron al Señor (1 Cor 2, 6-8).

Por el contrario, el mensaje de la cruz de Cristo es exactamente la subversión y el trastorno más radical de todo el conjunto de valores que entraña y lleva consigo el mundo. En un pasaje, elocuente por sí solo, Pablo lo ha dicho con toda fuerza: ¡A ver un sabio, a ver un letrado, a ver un estudioso de este mundo! ¿No ha demostrado Dios que el saber de este mundo es locura? Miren, cuando Dios mostró su saber, el mundo no reconoció a Dios a través del saber; por eso Dios tuvo a bien salvar a los que creen con esa locura que predicamos.“ (1 Cor 1, 20-21)

Por eso, el sistema o el orden establecido sobre la escala de valores antes apuntada, no entiende, ni puede entender, el saber de Dios, que se ha expresado en el hecho desconcertante y asombroso del Mesías crucificado. Y si no puede entenderlo, menos aún puede adoptarlo como proyecto de vida. Porque, en el fondo, se trata de dos maneras de concebir la vida que son diametralmente opuestas entre sí.”

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