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2016: Vivimos tu Misericordia

Introducción

El lema de este año, como bien saben todos, está en consonancia con el jubileo extraordinario de la misericordia declarado por el Papa Francisco. La Iglesia ha puesto el acento en el texto de Lucas 6, 36: Sean misericordiosos como el Padre. Esa es la esencia de Dios para el evangelista Lucas. En cambio para Mateo la esencia de Dios es la perfección: Sean perfectos como el Padre celestial es perfecto (Mt 5,48) y para Juan la esencia de Dios es el Amor (1 Jn 4,8).

Podríamos decir, sin lugar a equívocos, que la perfección de Dios es el amor y el amor es misericordioso.

Mirando al logo

El diseño que nos regaló Javier Samudio este año es rico por su sencillez y nos lleva a poner la mirada en el corazón y aquí el corazón es el centro del logo.

Observamos un corazón dentro de otros corazones. El primer corazón, el más pequeño, el más oscuro, el más inclinado, en más herido, está contenido en otro corazón con los mismos rasgos, pero con tonalidades y posturas que lo hacen diferente al anterior. La herida es menor, el tono más claro, la postura no tan inclinada. Esos corazones están contenidos en uno más grande y de color rojo, más erguido y menos herido. Y por último un corazón blanco contiene a todos ellos. Corazón erguido y abierto, no herido.

Estos cuatro corazones anidan en el Dios Solo. Ese es el corazón de Dios para los menesianos. Es decir, el corazón misericordioso de Dios para los menesianos es el Dios Solo.

La imagen de los corazones nos hace pensar en una ecografía. En una realidad que se está gestando en el corazón del Padre, allí crece, allí se va completando y sanando, y a medida que va haciendo experiencia de la gratuidad del amor materno de Dios, se va “poniendo de pie.

La cruz siempre presente nos habla de la expresión absoluta del amor de Dios a los hombres y mujeres. Esa es la mayor prueba de amor que Él nos ha dado y nos sigue dando.

Los colores del logo nos hablan de la Trinidad. El blanco (presente en todos los colores) es imagen del Padre, el azul reflejo del Hijo y el rojo figura del Espíritu. La Trinidad es la fuente de la que mana la misericordia. En consecuencia la misericordia es una experiencia comunitaria, común, compartida, no individualista ni intimista.

La frase vivimos tu misericordia, nos dice cómo queremos entender y vivir la misericordia. El tiempo verbal usado tiene una doble intencionalidad: por un lado expresar que vivimos la misericordia de Dios, es decir, que hacemos experiencia de ella en nuestras vidas; y por otro lado la decisión/consecuencia de vivir la misericordia en nuestras relaciones con los demás. Vivimos en relación con Dios y con los demás la misericordia. El verbo está en presente: hoy vivimos la misericordia con nuestros hermanos porque la experimentamos de Dios para con nosotros. Él siempre nos primerea en el amor.

Profundizando en el lema

El papa Francisco en la bula expresa que: la misericordia “es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado”.

Jesús es el rostro de la misericordia del Padre. Nadie como Él expresó tan nítidamente quién es el Padre-Madre Dios y cómo se relaciona con su Hijo y con los hijos e hijas. Tenemos un Dios que se complace en contemplarnos en su Hijo amado y como a Él nos dice a cada uno: sos mi predilecto, en ti me complazco, contemplarte me hace feliz y no puedo no ser misericordioso y compasivo contigo, pues tu debilidad me puede. Ese es el Dios que Jesús vino a mostrarnos. Pero un Dios tan humano, ¡cómo nos cuesta aceptarlo! Lo preferimos alejado y justiciero.

El Antiguo Testamento cuando quiere hablarnos de Dios usa el binomio: “paciente y misericordioso”, “lento a la cólera y rico en piedad”. Esta es la naturaleza de Dios. La misericordia es la fuerza de Dios, no su debilidad. Santo Tomás de Aquino nos decía: es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia.

La misericordia de Dios implica realmente un amor “visceral”. Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón. “¿Qué hemos hecho para que nos ame así? ¿Qué méritos tenemos para atraer sus miradas misericordiosas? Nada, hija mía”, dirá JMLM a la señorita Chenú.

Ahora bien, ¿qué relación guarda la misericordia con la justicia? En el Antiguo Testamento no se yuxtaponen ambos conceptos ni se contraponen, antes bien, la misericordia de Dios está al servicio de la justicia divina y la realiza, más aún, la misericordia es la justicia propia de Dios.

Quien cree en un Dios así no puede andar por la vida sino misericordeando y como si fuera poco, con alegría (Cfr. Rom 12,8). Esto implica retornar a lo esencial para hacernos cargo de las debilidades y dificultades de nuestros hermanos.

Por tanto, donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre: en las comunidades, en los colegios, en las asociaciones y movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia.

Construyendo implicaciones y desafíos

Vivir según el Dios de Jesús presentado por el evangelista Lucas (Cfr. Lc 6, 36) implica no juzgar, no condenar, perdonar y dar (Cfr. Lc 6, 37-38). ¡Por Dios, qué sociedad configuraríamos!

Este año es una clara invitación a redescubrir y actualizar las obras de misericordia que el Señor Jesús nos señaló (Cfr. Mt 25, 35-36): dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos y visitar a los presos.

“No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar sus gritos de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad”, nos dice el Papa Francisco en la bula Misericordiae Vultus.

En cada uno de estos “más pequeños” está presente Cristo mismo. Su carne se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, violentado, en fuga… para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado. No olvidemos las palabras de san Juan de la Cruz: En el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor.

También estamos llamados a hacer nuestras y a resignificar otras obras de misericordia que la Iglesia nos propone, como por ejemplo: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.

Vivir esto pondrá de manifiesto que somos cristianos, hacedores del proyecto de Jesús, digamos tener fe o no, vayamos o no a misa.

Posibilitemos en nuestros centros educativos hacer experiencia de un Dios misericordioso. ¿Cómo voy a intuir, entender, comprender que Dios es misericordioso si conmigo no lo son, si nadie es capaz de abajarse y acariciar mi debilidad, si lo normal es aplicar justamente la ley y punto? En palabras de JMLM: “hablarles dulcemente; ser condescendiente con sus debilidades; iba hasta decir respetar sus defectos. Uno no sabría tomar demasiadas precauciones para no acabar de romper la caña ya cascada, para no apagar la mecha que todavía humea”.

Sumémonos a gestos eclesiales en este jubileo extraordinario de la misericordia. Éste será un gesto más de misericordia, porque será un gesto de comunión y fraternidad.

Propongamos a la comunidad educativa experiencias de contacto, de encuentro con diferentes pobrezas, de comunión con la carne de los pequeños, de solidaridad que nos descentre y nos haga hacer experiencia de misericordear, de compadecernos de la fragilidad de mi hermano, porque “estamos pagando una deuda de justicia al hacer una obra de misericordia”. (San Gregorio, citado por JMLM)

Que Dios derrame su misericordia como el rocío de la mañana sobre cada uno de nosotros y nos haga portadores de su bondad y ternura, para con todos y cada uno.

Hno.Benito
Provincial


“Que cada uno se sienta feliz con la alegría de los demás y sufra con sus penas.” (Regla de 1835)

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